Dennis Gonzalez

Las migraciones humanas son causadas por factores centrípetos y centrífugos. Las fuerzas centrífugas son aquellas que se generan en el interior de un país, provincia o pueblo y las cuales causan la emigración de grupos humanos hacía otros territorios. Así mismo, las fuerzas centrípetas son aquellas que atraen a los inmigrantes a establecerse en un determinado país. Por ejemplo, una crisis económica (factor centrípeto) en un país fuerza a los habitantes a emigrar hacía un país que tenga más oportunidades de trabajo (factor centrifugo). Finalmente, no sólo la economía es un factor centrípeto y centrifugo en las dinámicas de las migraciones, sino que existen otros factores sociales y políticos que promueven la emigración y la inmigración entre dos determinados territorios.
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La emigración Andaluza a las Américas no escapan estás leyes migratorias. Ya desde el descubrimiento de América y su posterior conquista, el nuevo continente se presentaba ante el imaginario colectivo de los españoles como la tierra de oportunidades. Como concluye Juan Eslava Galán sobre las verdaderas razones por las cuales los españoles migraron a América, las cuales no fueron por causas evangelistas, “más bien da la impresión de que se embarcaban a la aventura atraídos por las ganancias y placer”(213).


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Sin embargo, los principales movimientos migratorios hacía América, no fueron a gran escala. Según, Rosario Márquez, “podemos afirmar que los españoles que llegaron en los dos primeros siglos de la época colonial [Siglos XVI y XVII], no sumaron un conjunto muy importante (237). Las primeros migrantes españoles a América estaba formado por un grupo muy homogéneo socialmente y generalmente la mayoría de ellos eran parte del cuerpo administrativo, logístico y militar de las nuevas colonias españolas en América, “estos hombres, principalmente andaluces y extremeños, pertenecientes a las capas medias de la sociedad, prefirieron asentarse sobre todo en las ciudades, llegando así a formar el estrato alto y urbano del Nuevo Mundo (237). Fueron pocos, pero igualmente emigraron para elevar su estatus social dado las grandes oportunidades que ofrecía América, es decir, por fuerzas centrípetas.
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En el siglo XVIII hay una obsesión con el tema migratorio en la corona española, sobre todo con la nueva dinastía Borbona. La nueva dinastía y sus allegados veían con preocupación las causas negativas de la emigración española a América. Para ellos la emigración presuponía la perdida de mano de obra en España y el despoblamiento de los pueblos. Por ejemplo, Rosario Márquez cita a Melchor de Macanaz, pensador y escritor político del siglo XVIII, “Ninguno permita que V.M. que pase a Indias si no fuera colocado en cosas del Real Servicio y aún para esto que sea los menos que se puedan, por dos especiales razones: La primera porque quedan estos miembros menos en el reino, que puedan ser útiles en él y en la América infructuosos y aún perjudiciales...y la segunda porque siendo los naturales de aquellos vastísimos dominios de V.M. vasallos tan acreedores de server los principales empleos de su patria” (238). Cabe aclarar que en el siglo XVIII España estaba bajo aún bajo una economía feudal, es decir “los principales empleos de su patria” estaban relacionados con la agricultura y la servidumbre. A finales del XVIII y principios del siglo XIX la emigración Andaluza se caracterizó por su irregularidad y falta de fluidez, “este fenómeno es contrario al caso catalán, asturiano o vasco, en los que la emigración no sólo se mantiene, sino a que a veces aumenta al final del período”(Márquez 240). Además que debemos añadir las guerras de independencia en Hispanoamérica cortaron casi completamente toda relación entre España y los nuevos países hispanos que se estaban formando en América. En este siglo la corona española hizo lo posible para detener por medios coercitivos la emigración, “Contamos con que la administración española fue siempre reacia a permitir el éxodo masivo de peninsulares al Nuevo Mundo, llegando este intervencionismo en la época borbónica a extremos exagerados, ya que se limita la concesión de licencias a casos muy concretos: funcionarios, eclesiásticos, encomenderos con sus criados, y familiares cercanos de algún español ya establecido en América”(Márquez 238). América sigue siendo un punto magnético para los emigrantes europeos, pero dado la negativa de la corana española de abrir sus puertas, la emigración española fue drásticamente reducida, por ende también la emigración andaluza.

Emigración Andaluza a América según las licencias de Embarque según Rosario Marquez


Periodos
N de Individuos
% Tasa de Migración
1765-1775
269
19.64
1776-1785
317
23.14
1786-1795
290
21.14
1796-1805
202
14.74

La emigración del siglo XVIII fue fundamentalmente de funcionarios
|| Profesiones
N de Individuos
%
Burócratas
15
1.54
Comerciantes
194
19.54
Criados
663
68.14
Militares
18
1.85
Profesionales
44
4.52
Religiosos
33
3.39
Otros
6
0.62


Siglo XIX-XX
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Francisco Contreras Pérez afirma que, “la información constituye una pieza clave en el proceso migratorio, entendido en definitiva como un sistema secuencial de toma de decisión” (524). En otras palabras, la información es el catalizador que incrementa la migración y acelera el proceso migratorio. Francisco Contreras Pérez también agrega que, “el procedimiento por el que un individuo acumula información sobre la alternativa, está guiado por la amplitud y contenido de su campo de información, o el conjunto de lugares sobre los que tiene conocimiento”(525). Contreras habla sobre los canales que utiliza el emigrante para informarse sobre país al que quiere inmigrar y estos canales, entre el siglo XIX y XX, fueron los amigos y parientes, quienes eran fuente directa sobre las condiciones del país anfitrión, y los agentes de emigración[1]. En el caso andaluz, las agencias de migración provenían de Argentina y Brasil, países que buscaban modernizarse a través de la inmigración europea. Los agentes de emigración, para atraer a los migrantes, hacían uso de la propaganda, primero dispersaban noticias exageradas sobre la abundancia de oportunidades en América desde centros de enganches ubicados en zonas estratégicas (generalmente puertos), luego “se completaba con la circulación de folletos, carteles, anuncios en prensa,...Todo ello, claro está, siempre exagerado, proporcionado en general al lector o al oyente una falsa imagen del trabajo y la riqueza en América”(531). Cabe aclarar que estos métodos propagandísticos eran efectivos porque en España “la superpoblación, las malas cosechas, las plagas y las sequías posibilitaban sus discursos oportunistas que, muchas veces, abrían alternativas al desaliento del campesinado” (531). O sea, la mayoría de los migrantes andaluces[2] pertenecían a la clase obrera y campesina por consecuencia, los principales trabajos en los cuales se desempeñaron en Argentina y Brasil fueron en las nacientes industrias y en los campos de cultivos en las nuevas republicas.

Conclusión
Los factores que causan a una población a desplazarse de un territorio a otro son diversas. Pueden ser factores centrífugos como guerra, hambrunas, crisis económicas; centrípetos como mejores oportunidades laborales, académicas y culturales en otros países, así como también tolerancia política y religiosa. Además se ha visto como la información es un importante catalizador para acelerar los procesos migratorios. Muchas veces esta información es distorsionada adrede con un claro propósito mercantilista. Como es el caso de los países latinoamericanos a principios del siglo XX que necesitaban manos de obra barata para sus empresas y campos de cultivo. En resumen los sueños de escalar socialmente y económicamente, ya sea por necesidad o por anhelo, siempre han estado presente en el imaginario andaluz.



[1]Este mecanismo de emigración estuvo constituido por redes de agentes (consulares y de compañías navieras) y subagentes(ganchos) que, trabajando en las regiones emisoras, intervinieron en el proceso de configuración de la toma de decisión de los candidatos a migrar. Su labor estuvo íntimamente vinculada a los proyectos de pasajes subvencionados por empresas, y, principalmente, gobiernos americanos (Andalucía y América en el Tránsito del Siglo XIX al XX 531).
[2][Por provincias, Francisco Contreras Pérez calcula que Almería tuvo la más alta tasa de emigración[1][2] (por cada mil habitantes). Entre 1888 y 1890, su promedio fue de 23.89. Luego le sigue Cádiz, 10.42 y finalmente Málaga tuvo una taza promedio de 10.02. La más bajas las obtuvieron Jaén, 0.24, Córdoba, 0.30, y Huelva, 0.69. Finalmente, en toda la región andaluza la taza de emigración fue de 6.04. Es decir, la taza de emigración en Andalucía fue irregular.